Él …

Si alguna vez supiste del agua que entró en mi, sabrás ahora que no sólo salpicaste mi piel, sino que me llenaste.

No porque estuviera vacia, sino porque me hice más grande aún.

Y, ahora, junto a mi agua, está la tuya. Y las dos son una, se funden y fluyen de forma cómplice hasta lo inefable

… si piensas que mi mirada te sirve, confía en mi.