Ya estamos a junio, y sin embargo, aún recuerdo noviembre … y Londres con Espiritual Woman.

Aquella experiencia fue uno de mis grandes retos. De pensar que no podría coger el avión por un olvido tonto, a presentarme allí con resolución y confianza, fue todo un proceso de reflexión: reconocer el poder del aprendizaje, aceptar cada paso, observarme, dejar a un lado prejuicios,…Todas esas cosas fueron las causantes de elevar en un grado mi madurez. Madurez que también se afectó por la experiencia allí vivida.

Risas, lágrimas, tensión, gozo, cansancio, equipo, sueño, metas, abrazos, transformación, …, así fue Londres!

Allí se integró la magia en un menú llamado METAMORFOSIS. Las catadoras, mujeres hermosas. La cocinera, una mujer llena de vida, acción pura: Duduyemi, coach de imagen; una Indiana Jones en busca del grial humano.

La experiencia me permitió comprobar y constatar que la belleza humana se puede encontrar en cualquier tipo de proceso de transformación. Cualquier proceso por el que se esté pasando, que se haga consciente y a través del cual se advierta que el final será siempre llegar a un estado de conciencia más elevado, es belleza pura. Si se llora porque duele o si se llora de alegría, es belleza; si cuesta y aparece la queja o si se crece como si no hubiera un mañana, es belleza; si se esconden sentimientos o si se expresan sin control, es belleza; si hay caídas y parones o si hay ganas de volar y se vuela, todo eso es belleza. Lo importante es que, sea lo sea, lleve a otro lugar en el que poder encontrarse de otra manera.

Ellas así me lo demostraron. Y yo sólo tuve que agarrar mi cámara y ESTAR. Estar desde el más profundo respeto, en silencio, desde mi mirada; disfrutando cada paso, cada conversación, y participando si se me pedía.

Mi trabajo de fotógrafa, consistió en ver, mirar y Ver. Qué gran oportunidad para comprobar la metodología fotográfica por la que abogo.

El proceso metodológico comenzó por ver el entorno, las personas; es como si comenzara reconociendo cada cosa y espacio tangible, y cada persona con la que estoy. Después, llegó el momento de mirar, que ya no es solo reconocer sino valorar, una emoción, una forma de ser, de expresar, de estar; valorar una sonrisa, una expresión de dolor, de enfado, de preocupación; valorar una palabra, una mirada, un gesto, una postura, una ausencia, una presencia. Y por último, Ver de nuevo, pero con mayúsculas. Darse cuenta, conectar con los significados, dialogar con el interior y extraer la esencia. Las personas dialogan sin hablar, comunican desde el silencio y desde el sonido; transmiten su música… Ellas lo hicieron también. Yo sólo tuve que escuchar con mis ojos y traducirlo en mi corazón. Este modo de Verlas se alargó hasta el momento de la edición y revelado; momento en el que volví a revisar las fotos y se produjeron nuevas conexiones.

Gracias Duduyemi y Espiritual Woman por dejarme formar parte de esta experiencia, y tener la oportunidad de comprobar la validez de la herramienta.

Gracias a esas mujeres bellas que lo dieron todo, que se permitieron la autenticidad, y que investigaron en su realidad, tomando conciencia de ella.

La verdadera belleza no está en las cosas bonitas, sino en las cosas conscientes …

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